Actualizado Domingo,
19
mayo
2024

23:45

En su reunión con el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, este domingo por la noche en Jerusalén, el asesor de Seguridad Nacional del presidente estadounidense Joe Biden, Jake Sullivan, pudo limitarse a repetir gran parte de los argumentos que los dos compañeros más importantes del primero en el restringido gabinete en Israel expusieron, de forma separada, ante las cámaras en los últimos días. Al igual que el ministro de Defensa, Yoav Gallant, y el ministro centrista Benny Gantz, Estados Unidos espera que Netanyahu promueva un plan para el ‘día después’ de la guerra contra Hamas.

Más allá de que todos ellos estaban este domingo pendientes de las dramáticas noticias procedentes de Irán, Biden, Gallant, Gantz y Netanyahu coinciden en el objetivo de acabar con el control y las capacidades armadas del grupo islamista en la Franja de Gaza tras su ataque del pasado 7 de octubre en el sur de Israel. Pero mientras los tres primeros creen que para ello son necesarios no solo tanques y aviones, sino también recursos diplomáticos y políticos para crear una alternativa a Hamas, Netanyahu sostiene que no se puede hablar del futuro sin que en el presente el brazo armado de Hamas no sea eliminado de forma completa.

Según la Casa Blanca, Sullivan destacó en su reunión con Netanyahu «la necesidad de combinar las operaciones con la estrategia política para asegurar la derrota de Hamas» y le propuso medidas concretas para aumentar la ayuda a la Franja de Gaza.

Sullivan, que ha llegado a Jerusalén sobre todo con el objetivo de limitar y consensuar la anunciada ofensiva israelí a gran escala en la ciudad de Rafah, tras la incursión iniciada el pasado 6 de mayo en esa zona del sur de Gaza, se encuentra con un gabinete de guerra israelí dividido y con fecha de caducidad: el 8 de junio. Se trata del plazo dado en el ultimátum de Gantz para seguir en la coalición a la que se incorporó a raíz del ataque terrorista de hace 226 días. Su demanda es la aprobación de un plan para lograr «seis objetivos estratégicos», que van desde la liberación de los 128 secuestrados aún en cautiverio a una alternativa de Hamas, pasando por el desarme de Gaza y la normalización de relaciones con Arabia Saudí.

En su discurso del sábado por la noche, Gantz citó este ambicioso escenario con el país árabe, desbaratado el 7-0, que es visto por EEUU como vía de salida de la devastadora guerra que desató varios frentes en la región bajo la batuta, acusan, de Teherán. Netanyahu siempre apoyó esta posibilidad, pero no si eso le obliga a ordenar ahora el fin de la ofensiva y a comprometerse a la creación de un Estado palestino, como piden los saudíes.

Sullivan, que informó a sus anfitriones israelíes de su reunión este fin de semana con el príncipe heredero Mohamed Bin Salman en Riad, coincide con Gallant y Gantz en la necesidad de diseñar una Hoja de Ruta del ‘día después’ también para presionar al líder de Hamas, Yahia Sinwar, preocupado especialmente en no perder el control de Gaza, para que flexibilice su inamovible posición respecto a un alto el fuego de varias semanas y la liberación de secuestrados.

Gantz demanda la creación de un ente alternativo palestino-árabe-estadounidense-europeo como administración civil de los gazatíes. Gallant dio pocos detalles, pero sí aclaró que no toleraría que estuviera bajo control de Hamas o de Israel.

Más allá del futuro de Gaza, las dos intervenciones de Gallant y Gantz pueden tener efectos políticos. En un intervalo de apenas 48 horas, lanzaron sendos órdagos a Netanyahu que no derribarán su Gobierno, pero sí erosionan su figura ya de por sí muy tocada a raíz del fracaso en la prevención del mayor ataque sufrido en 76 años de historia de Israel y su negativa a asumir la responsabilidad así como por la gestión de guerra en los últimos tres meses.

ACUSACIÓN A NETANYAHU

En una acusación que retumba en los hogares de un país en guerra, Gallant y Gantz insinuaron que Netanyahu toma decisiones priorizando su interés político al nacional. «Es mi deber decir la verdad a los ciudadanos tras haberla dicho una y otra vez a puerta cerrada: las consideraciones personales y políticas comenzaron a penetrar en el lugar santo de la seguridad de Israel», denunció Gantz.

Gallant y Gantz suelen ser muy criticados por los ministros ultraderechistas Bezalel Smotrish e Itamar Ben Gvir, que no forman parte del gabinete de guerra, pero pueden provocar la caída de Netanyahu. «Una pequeña minoría se ha apoderado del puente de mando del barco israelí y lo conduce hacia un muro de rocas», acusó Gantz que, en otro mensaje, avisó a Netanyahu: «Si eliges ir por el camino de los fanáticos y llevas toda la nación al abismo, deberemos abandonar el Gobierno», avisó.

Netanyahu rechazó el mensaje de Gantz y le recrimina por haber dado un ultimátum al primer ministro de Israel en plena guerra y no a Hamas. Todos creen -empezando por el propio Gantz- que el veterano dirigente conservador no cumplirá sus demandas y seguirá manteniendo a cualquier precio su mayoría de 64 de 120 escaños lograda en las elecciones de hace año y medio.

La marcha de Gantz, que se prevé que ocurra antes del 8 de junio, no derribará el Gobierno pero aumentará la bola de nieve cada vez más grande con manifestaciones semanales de protesta ya sea para pedir un acuerdo de tregua que libere a los secuestrados o el adelanto electoral. En un sondeo difundido este sábado por el Canal 12, el 54% de los israelíes apoyan volver ya a las urnas.

Donde Sullivan sí discrepa también con Gallant y Gantz es en la anunciada ofensiva en Rafah. Mientras en el gabinete israelí hay consenso al considerar que es necesario entrar en Rafah para acabar con los batallones que quedan de Hamas y bloquear los túneles que le conectan con el Sinaí, la Administración Biden considera que es más inteligente esperar a que fructifique un acuerdo que permita la liberación de rehenes y la reducción del sufrimiento de la población civil en la Franja de Gaza.

En cualquier caso, exige que la operación en el corazón de Rafah sea tras una evacuación segura de los habitantes y desplazados que se contaban en 1,4 millones hace un mes. La ONU, que cifra en más de 800.000 las personas que salieron de Rafah desde el inicio de las operaciones militares israelíes hace exactamente dos semanas, alerta de un agravamiento de la crisis humanitaria en el castigado enclave palestino y exige un alto el fuego inmediato.

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