Actualizado Lunes,
20
mayo
2024

19:58

El centrista Luis Abinader ha cumplido los pronósticos y de forma arrolladora ha alcanzado la reelección en República Dominicana sin necesidad de acudir a una segunda vuelta electoral. Así lo adelantaban las encuestas y así se sentía en la calle, al aliento del crecimiento, que convierte a este país en una de las economías más sólidas de las Américas, y de la estabilidad política, un ‘rara avis’ caribeño entre el caos haitiano y la dictadura cubana.

«Yo me voy en el 2028, no todos los políticos somos iguales. Es mi palabra, es mi compromiso y será parte de mi legado. A mí no hay fuerza que me haga modificar la Constitución para extender los plazos de la presidencia», ha querido dejar claro el primer mandatario, tras confirmarse que ha contado con el apoyo del 57,45% de los dominicanos, muy por delante del ex presidente Leonel Fernández, con escasos 28,86% de los sufragios.

Una derrota agridulce del candidato del Grupo de Puebla (foro que reúne a dirigentes izquierdistas, revolucionarios y populistas, liderado por José Luis Rodríguez Zapatero), ya que ha visto cómo su hijo, Omar Fernández, se convertía en la nueva sensación de la política dominicana al resultar elegido con 32 años como el senador más joven por el Distrito Nacional. Con su lema, ‘La capital que queremos’, el hijo de Leonel ha sabido conquistar al electorado más joven.

Abinader contará con respaldo mayoritario tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, lo que le avala para ir más allá y modificar la Constitución para «ponerle el candado y que no venga otro a querer cambiarla», una de las perpetuas tentaciones con la que populistas y revolucionarios han castigado a las Américas.

«República Dominicana ha cambiado y ha cambiado para siempre», ha celebrado el mandatario electo. Y los números le dan la razón. Su Partido Revolucionario Moderno (PRM) y La Fuerza del Pueblo, el que lidera Leonel, han transformado de forma radical el panorama tradicional de los partidos políticos.

Tanto que el Partido de la Liberación Dominicana (PLD), que gobernó hasta la irrupción de Abinader y del que se escindió Fernández, apenas cosechó un 10,39% de los apoyos para su candidato, el ex alcalde Abel Martínez.

Mucho peor le fue al exministro Miguel Vargas, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), liderado durante años por aquel presidente bailón, Hipólito Mejía, que tantas portadas ocupó cuando se le ocurrió invitar a bailar un merengue a la Reina Sofía.

Para cerrar el derrumbe de los partidos tradicionales, el Partido Reformista Social Cristiano (PRSC), que aupó a la presidencia a Joaquín Balaguer, apenas ha podido conservar uno de los 32 escaños del Senado. Incluso Esperanza Democrática, el partido del nieto del dictador Leónidas Trujillo, ha obtenido más votos que los socialcristianos.

La mayoría es absoluta para el PRM en el Senado, con 24 de 32 senadores, frente a los cuatro de la Fuerza del Pueblo y los dos del PLD. De hecho, Abinader ha teñido de azul todo el mapa de República Dominicana, al triunfar en sus 31 provincias y en el Distrito Nacional.

Pero, más allá de la bonanza económica y de la ausencia de la polarización política, la nueva legislatura presidencial comenzará con un gran reto sobre la mesa de Abinader: el tema haitiano. Todos los candidatos abusaron en campaña con su retórica antiemigrantes, pero fue la mano dura del actual mandatario la que más ha influido en los votantes, temerosos de que su país se contagie de la crisis humanitaria y de la violencia de las bandas que se desborda el país vecino.

«Hay fuertes elementos de apartheid contra nuestra comunidad en el país», denunció Roudy Joseph, líder del movimiento Haitianos y Haitianas en República Dominicana. Más de 174.000 haitianos fueron deportados en el último año.

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