Actualizado Martes,
9
julio
2024

00:05

El cuerpo se exhibe dentro de un ataúd de cristal rodeado de flores, velas, varitas de incienso y ofrendas de frutas. Conserva la piel correosa y una dentadura postiza ennegrecida. Las cavidades de su cuerpo, cubiertas por un manto naranja de monje budista, se han convertido en un criadero de huevos de gecko, una especie de lagarto nativo del sudeste asiático.

Al sur de la isla de Koh Samui, la más grande del golfo de Tailandia, se encuentra el templo de Wat Khunaram, donde la principal atracción es un monje momificado bien conservado que lleva gafas de sol, colocadas para ocultar las cuencas de los ojos descompuestas. Su nombre es Luang Pho Daeng y murió en 1973, a los 79 años, mientras meditaba. Tiempo después de fallecer, cuando sus seguidores vieron que el cuerpo no se había descompuesto, lo metieron en la cristalera para que lo viera todo el mundo, en una postura mudra con las piernas dobladas.

Frente al cristal hay un gran busto dorado del monje, justo delante de la única fotografía real que se conserva de Pho Daeng en vida. Los vecinos de Samui cuentan que era un asceta que siguió el ritual de los sokushinbutsu, lo que viene a ser la automomificación. Un acto de sacrificio, de redención, con el propósito de alcanzar un estado de meditación eterna hasta llegar al nirvana y, desde allí, proteger a los humanos en la Tierra.

Se trata de una tradición japonesa que se remonta al siglo XI. En los templos del norte de Japón todavía se conservan hasta 16 monjes momificados que el público puede visitar. En Tailandia, Pho Daeng comenzó una dieta basada únicamente en raíces, hiervas venenosas y nueces para agotar las reservas de grasa y deshidratarse. Así, tras la muerte, el cuerpo desecado elimina grasas, músculos y humedad, pero no se descompone, preservando la forma física y comenzando un lento proceso de momificación natural.

Una semana antes de morir, Pho Daeng dejó de ingerir alimentos. Estuvo meditando en una cueva hasta que su corazón se paró. Algunos investigadores tailandeses, incrédulos por la fantástica conservación del cuerpo, han intentado profundizar en la vida del monje, incluso tratando sin éxito de encontrar a su familia.

Pho Daeng fue ordenado monje en Samui con 20 años, pero luego se apartó de la vida espiritual para casarse y formar una familia. Cuando tenía 50 años, se desprendió de todo lo material, de todas sus pertenencias mundanas, para abrazar de nuevo el voto de pobreza como monje asceta. Marchó a Bangkok para estudiar técnicas de meditación y escrituras budistas. De regreso en Samui, ganó fama como gran predicador y fue nombrado abad de templo, atrayendo a muchos seguidores.

Pho Daeng pidió a sus fieles que lo incineraran si su cuerpo se descomponía. Pero de no ser así, que lo mantuvieran como recordatorio de las enseñanzas de Buda. El templo de Samui es un húmedo santuario donde budistas de toda Tailandia acuden en busca de inspiración. Las autoridades locales también lo han sabido explotar como uno de los principales atractivos turísticos de la isla, con decenas de miles de visitantes extranjeros que quieren fotografiar lo que para ellos es una macabra exhibición de una momia que lleva gafas.

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