El enfermero que volvió tras 40 años para sanar a su propio pueblo

Juan Bautista Hassanie dejó su paraje natal a los 18 años. Cuatro décadas después, regresó impulsado por la nostalgia del río y el faldeo de Ricardo Rojas. Hoy, el destino lo encuentra en un rol inesperado: cambiar el termómetro por la gestión comunal.

Hay regresos que se escriben con el corazón. En 1980, con apenas 18 años y una valija cargada de incertidumbres, Juan Bautista Hassani se despidió de las calles de tierra de Ricardo Rojas, ese rincón chubutense que lo vio nacer. El destino lo llevó lejos, pero el sutil llamado de la Patagonia profunda nunca se apagó.

Cuarenta años exactos tuvieron que pasar para que decidiera que era hora de desandar el camino. No volvió buscando grandes lujos; volvió buscando paz. Lo guiaba un deseo casi poético: reencontrarse con sus raíces, sentir el viento en el faldeo y escuchar otra vez el murmullo de su río.

Su plan de retiro parecía sencillo. Regresó al Ministerio de Salud para transcurrir sus últimos dos o tres años laborales como agente sanitario en el mismo puesto de salud donde alguna vez dio sus primeros pasos profesionales. Quería cuidar a sus vecinos, los de siempre, desde el silencio de una sala de emergencias. Pero el pueblo tenía otros planes para él.

Mientras tomaba la presión o atendía una urgencia, el murmullo de la comunidad empezó a transformarse en un pedido concreto. Uno a uno, los vecinos se acercaron con la misma idea fija: «Juan, tenés que postularte». Con la misma vocación de servicio que aplica en la medicina, Hassani aceptó el desafío. Armó una lista bajo el frente Despierta Chubut —con el respaldo del radicalismo local de Ricardo Ferrini y Sandra Lantapia—, ganó las elecciones y hoy transita su tercer año como presidente comunal.

Para él, la política no es un juego de estrategias ni de discursos ensayados. Con la templanza de quien trabajó toda la vida en urgencias médicas, mira el panorama con una calma inusual: «No le doy importancia ni al que tira flores ni al que tira piedras», afirma con la seguridad de un cirujano. Sabe perfectamente que en el tablero político es imposible conformar a todos, por lo que prefiere mantener su perfil bajo de siempre, ignorar los aplausos y las críticas, y concentrarse únicamente en lo que mejor sabe hacer: diagnosticar los problemas de su pueblo y aplicar el remedio que hace falta.

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