Patricia Tapia aplicó su experiencia como enfermera para renovar el puesto sanitario de Aldea Beleiro y rescatar la ambulancia del pueblo del crudo invierno patagónico.

Hay realidades que solo se entienden cuando se viven en carne propia. Antes de asumir los hilos de la comuna, Patricia Tapia recorría los pasillos del puesto sanitario local vistiendo el ambo de enfermera. Esa experiencia en la trinchera de la salud pública rural le otorgó un diagnóstico preciso y descarnado sobre las carencias estructurales que afectaban tanto a los profesionales como a los vecinos de Aldea Beleiro.
Por eso, al momento de trazar las prioridades de su gestión, la salud no fue una promesa de campaña, sino una urgencia inmediata. El foco se puso en resolver un problema tan insólito como dañino: el pueblo contaba con una ambulancia de alta complejidad entregada por la gestión anterior, pero el vehículo carecía de un espacio de resguardo y pasaba los crudos inviernos a la intemperie, deteriorándose bajo la escarcha, la lluvia y las intensas nevadas.
La respuesta de la comuna fue ejecutar una obra de ampliación clave en el puesto sanitario para construir un garaje cubierto y climatizado. Esta infraestructura no solo salvó el patrimonio y la vida útil del vehículo de emergencias, sino que garantizó que la unidad esté siempre lista, descongelada y en óptimas condiciones operativas ante cualquier derivación de urgencia en una región donde los caminos y el clima no perdonan.
Con esta obra concluida y nuevos proyectos de refacción perimetral firmados con la provincia, la jefa comunal demuestra que su vocación de enfermera sigue intacta. En Aldea Beleiro, la salud pública se consolida desde la infraestructura, entendiendo que proteger las herramientas de emergencia es la única manera de blindar el bienestar de toda la comunidad.
